NFL: Miami, con un estadio anticuado, se queda sin Super Bowl

El colombiano terminó esa campaña con promedio de .309, 68 carreras anotadas y 16 bases robadas en 106 juegos y terminó segundo en la votación al Novato del Año de la Liga Nacional escoltando al jardinero de los Dodgers de Los Angeles, Todd Hollandsworth.

Su momento cumbre con los peces, sin embargo, ocurre el 26 de octubre de 1997 cuando vino a batear con las bases llenas, dos outs y el séptimo juego de la Serie Mundial empatado a dos ante la tribu.

Frente al derecho Charles Nagy, ganador en ese año de 15 partidos, Rentería sacó un hit al centro que impulsó desde la tercera a Craig Counsell con la carrera del triunfo.

Un momento mágico, maravilloso, inolvidable e histórico en el deporte del sur de Florida. Y el sonriente colombiano fue el gran protagonista.

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Prefiero al Robinson Canó dominicano. Al fogoso

Me gusta el Robinson Canó dominicano, intenso, vivo hasta la tambora, letal. Un verdugo.

Incluso lo prefiero sobre el segunda base de los Yankees que, aunque con el mismo talento de fuego del merenguero, usualmente se hace perezoso, lento, apagado y predecible.

Aquel Canó, ese que ha estado brillando intensamente en el Clásico Mundial de Béisbol, parece divertirse más jugando para su país que con los Mulos, aunque ha sido en Nueva York donde se ha hecho famoso y millonario.

Y un Canó divertido, es un Canó peligroso. Un tolete. Un "tigrazo".

Jugando sin "cuartos", pero animado por los colores de una bandera bachatera y expresiones criollas como "anda er diablo" o "y e' fácil", el Robinson caribeño figuraba como el gran protagonista del Clásico a mediados de semana.

Referente indiscutible del trabuco de Tony Peña, el Canó que conoce la diferencia entre "palito duro y palito latigoso" bateaba al son de .632 (12 en 19) y sumaba dos jonrones, cuatro dobles, siete carreras empujadas, cinco anotadas y 22 bases alcanzadas en cuatro partidos del WBC (siglas en inglés).

Posterior al juego ante Italia, en el que sacudió tres imparables, incluyendo su segundo cuadrangular del torneo y ayudó a su isla a recuperarse de un temprano déficit de 4-0 para ganar 5-4 y conservar su invicto, el camarero que a la cotorra le dice "cuca" y ha comido "jalao'" y "frío-frío de sambruesa", fue abordado al respecto de su explosivo entusiasmo en el certamen.

La preguntaron si se divertía más jugando para Dominicana que en las Grandes Ligas y sonrío.

Finalmente respondió: "Bueno, lo mismo..."

Buen político como atleta, sin embargo, es evidente que este Robinson de mangú y ex jugador de "musa tataramusa", está gozando del béisbol del WBC como pocas veces en la MLB (Grandes Ligas).

Y no es el único dominicano relajado y ocurrente en el certamen mundial.

José Reyes y Hanley Ramírez bailan cerca del plato y el cerrador Fernando Rodney, de gorra torcida y cambio de velocidad intocable, finge lanzar una flecha al cielo tras cada rescate.

Hasta el circunspecto Miguel Tejada se ha unido a las celebraciones colectivas que sólo me confirman la gran pasión de los dominicanos por el juego y el orgullo especial que siente por representar a su tierra.

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